viernes, 4 de diciembre de 2009

HOMICIDIO EN VILLA FELIZ

Lo escribi hace un año, hoy sigue dolorosamente actual, con nuevos actores, pero con el mismo guión y escenario.

Pase cerca de una persona asesinada a tiros rumbo a mi trabajo. Momentos antes, despotricando contra el transito vehicular y el mal desempeño de los agentes de transito, pensando que tal vez otra marcha, otro cambio de vialidad fue lo que ocasiono el congestionamiento. Tengo que subir hacia una fuente de agua llamada “la hermana agua”, y a mi izquierda pude distinguir la silueta de una persona cubierta por una sabana blanca, muchas patrullas, un circulo de personas rodeando aquel espectáculo surrealista, Al frente se ubica una escuela secundaria, creo esta todavía un jardín de niños, y mas arriba el complejo del Hospital civil.
Por un momento pensé que podría haber sido un niño, un joven. Una tristeza invadió mi alma. Pensé en las personas que lo estarían esperando. Llegue al trabajo y para ese momento, ya se sabía quien era, yo me sorprendí que en Internet ya estuviera la nota: Un policía mas que engrosaba las encuestas, ejecutado a tiros. Con una historia, con rumores y secretos a voces que lo relacionaban en no muy buenos pasos y a 10 minutos de trayecto, en la ciudad de la cultura, se desarrollaba un informe de gobierno. “En paz y trabajando” es el slogan que suena una y otra vez en la radio, en la televisión, en los periódicos. Tepic es llamado ahora “Villa Feliz”. Horas más tarde, las imágenes más explicitas se mostraban en los periódicos online.
Nunca en mi vida pensé ser testigo de algo semejante, lo miraba a través de los noticieros, y sin embargo, aquí y ahora, frente a cientos de niños y adolescentes. Escuchando las detonaciones y después… mirar el cuerpo de un hombre inerte con un charco de sangre que se convirtió en un arroyuelo de unos veinte metros. ¿Que emociones quedara impresa en sus almas?, en mi caso, no pude evitar llorar en la soledad, y no me importa que me digan mariquita mariquita, y decidí escribir mi punto de vista. Amable lector puedes copiarlo, puedes decir que es tuyo, pero por favor dile a quien conozcas: ¡Hey mira, lee esto!.
Llegue a Tepic muy pequeño, a los cuatro años de edad, y a lo largo de mi vida he mirado la ciudad crecer, pobre en mi niñez, me tocaba caminar kilómetros para llegar en aquellos tiempos a lo que ahora es cerca de Nayar abastos, así que atravesaba pastizales, cañaverales, sin temor a que alguien nos molestara. Oliendo por las mañanas ese olor a menta de una cierta especie de pasto, por las tardes mirando a lo lejos el azul de los cerros, y en el camino me encontraba con conejos silvestres, petirrojos, gorriones y hasta halconcillos. Muy rara vez se escuchaba oír las sirenas de las ambulancias y me inspiraban un respeto místico los policías y el ejército.
Fui creciendo y crecieron las vallas, los muros, los alambrados con la leyenda “propiedad privada”, teniéndose que bordear. Más nunca me toco ver un accidente, mucho menos un muerto a plena luz y en la calle.
Se han levantado centros comerciales, el mas reciente, mas mono y moderno que sus predecesores. Muchos vehículos nuevos transitan por la calles, y una nube café gris cubre el día, por las noches los resplandores de los eventos en las plazas comerciales opacan el brillo de las estrellas. Ahora tengo que viajar lejos para admirar la vía Láctea, la luna y las estrellas. En la ciudad veo ocasionalmente a Venus, Júpiter, Las Pléyades, y la luna ya no tiene ese brillo azulado hipnótico que me hace mirarla por mucho tiempo, una permanente nube café gris cubriéndonos, extraño el azul del cielo, extraño meterme a caminar en las aguas del río mololoa. Ahora tengo que mirar a mi izquierda, a mi derecha. Pendiente de si se acerca un agente de la ley, porque no se que este pasando a su alrededor. Y todos a mi alrededor igual de desconfiados.
Extraño el aroma de los árboles, el sonido del viento a través de los pinos. Nos hemos convertido en prisioneros de una cárcel invisible que se extiende ante nuestros ojos. En una ansiedad por comprar y tener carros, casas, lujos, a costa de lo que sea, pero no todos nacimos con dinero y debemos trabajar y estudiar por lograr una mejor calidad de vida. Pero no todos han adoptado esa escala de valores. Y pienso en los seres que accionaron los gatillos, que contexto de vida los coloco en esa hora y ese lugar. En el contexto de vida del hombre que le quitaron la vida. ¿Y si uno conociera su futuro lo cambiarían?
Llore en la soledad, porque pensé en todo el cúmulo de situaciones que nos están despojando de nuestros valores, del respeto a la vida humana, del amor por el trabajo, de maravillarse ante la ciencia, de sorprenderse por el rocío de la mañana, (hace tanto que no veo aquellos rocíos de antaño). Llore, por que en un afán de conseguir todo a costa de nada, nos inundan con películas, videojuegos, canciones que exaltan la muerte, el dolor, el hacerle daño a otra persona sin tener remordimiento. Llore por el hombre o la mujer que guardaba una estima hacia ese ser que yacía tirado con el rostro destrozado y en esta navidad no compartirían regalos, ni abrazos, no más. Llore por los seres que le hicieron eso, porque la daga de Damocles pendería de ellos por el resto de sus vidas, y así fuera la justicia humana o divina, tendrán que rendir cuentas en algún momento, en algún lugar. Llore porque mis lágrimas catalizaran mis sentimientos. Y lo que daría por transmitirles mis sentimientos de maravilla ante lo hermoso que es el universo. Porque captaran que somos uno con el universo. Que nuestro lugar en el planeta tierra no es permanecer pasivos, ni fumar, ni drogarse, ni beber sin control, ni acumular riquezas, ni poder, Nuestro lugar en la tierra es más elevado, más sublime. Dicen que el cielo y el infierno se encuentran aquí. ¿Por qué lo estamos transformando en un infierno?, porque no detenemos esto. Lo podemos lograr, podemos recuperar nuestros valores, podemos mirar con confianza a los policías, al ejército, a nuestras autoridades.
Recuerdo por estos mismos días, hace unos años, al recolocar una iluminación navideña estando en lo alto de una escalera, en una zona céntrica, como las personas de los demás negocios laboraban colocando los adornos de la temporada. Aun esta en mí, las tonalidades doradas del atardecer, y de repente un silencio, no había compradores, solo se estaban colocando los adornos: Un joyero de al lado, el ferretero de dos locales mas allá, las muchachas que vendían dulces, cada uno ensimismado en su mundo, en la actualidad siguen ahí. Y a más de uno le he visto si el rostro cansado, pero también he advertido una expresión de satisfacción por su trabajo. Orgulloso de terminar la jornada y retornar a casa. Es muy seguro que alguien estuviera esperándole para cenar, para decirle como te fue, luego un abrazo, sonrisas, porque no, también reclamos, pero ahí estaría de vuelta, independientemente de todo, ahí estaría compartiendo ver la televisión, los chismes, los pleitos y al día siguiente la rutina y en la rutina esta el ver que podemos hacer interesante para que esa rutina no sea asqueante. Pero eso no será posible para ese hombre tirado a media calle, no para los miles que les ha ocurrido lo mismo. E igual, miles de espadas de Damocles sobre las cabezas de sus ejecutores. Fichas de domino cayendo una tras otra, donde un 17 de diciembre del 2008 pase cerca a un ejecutado. En un paisaje surrealista con un circulo de niños y jóvenes mirándolo. En un lugar llamado “Villa Feliz”

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