El polvo levantado por los caballos se iba mezclando con sus lagrimas, cuando por fin de disipo, canales de lodo salado recorrían sus mejillas, llegando a sus labios. De pie mirando las figuras de contornos remarcados por sangre seca tuvo un destello de entendimiento.
-Como le hables a las personas estas te contestaran, -con gran amor le aconsejaba su madre a la vez que le pasaba su mano por su mejilla-. Así a lo que te rodea, más no ocupas palabras, cuando su lenguaje no comprendas, tus sentimientos bastan.
Así pues porque no intentarlo, entonando una dulce petición pidió la roca le explicara, y esta le contesto, las figuras tomaron vida, y comprendió que debía seguir al sol, pues al final de su recorrido llegaba al mar, tratando de alcanzar a la luna coqueta, quien graciosamente huía de el en un juego de seducción, pero no siempre, pues llegaba el momento en el cual lo esperaba para fundirse a el. Sus cómplices, las estrellas, le contaban como en la tierra, las guardianas de las cuevas le daban paso a la serpiente para que recorriera su espalda por su interior y viniera y volviera desde el cerro del Coatepec a ese promontorio. Y en su paso recogiera las historias de los árboles, los animales, los ríos; para contarlas a los dioses y estos decidieran cuanta agua mandar, si debía hacer mucho o poco calor; en tanto el viento los trasladaba para hacer estas tareas.
Recogió la bufa de agua que nadie reparo en ella, junto los pedazos de pan duro. E inicio el camino pendiente abajo. Se limpio la suciedad en un hilo de agua que cruzo. Otro destello estallo en su cabeza, toda el agua llega al mar. Entonces todos los hilos debían juntarse para formar los ríos, y estos debían a su vez juntarse para presentarse ante Aramara.
Caminos que recorrer y decisiones que tomar. Llego a un punto que doblando a la izquierda lo llevaría hasta donde se encontraban los piel sin color y corazón de piedra. No lo dudo, Oleadas de calor en su pecho le hicieron tomar el lado contrario. No lo extrañarían después de todo, un indio menos.
Conforme iba avanzando noto el ruido que parecía de un caudal fuerte de agua, poniendo atención, advirtió que era el susurro del viento al pasar por las hojas de los árboles, y se dirigió a el con otra petición. Sucedió entonces que los colores del paisaje cambiaron, y un trazo a modo de camino se delineo y entendió que era su sendero a seguir.
La noche le tomo en un claro, cesando el vértigo de las emociones vividas. De sed no se podía quejar, multitud de arroyos le brindaban el agua suficiente. Más el gruñido en su estomago le indicaba que debía comer algo sólido. Agotado, se recostó mirando las estrellas, noto por vez primera que no eran iguales. Miles de puntos de colores azul, blanco, rojo y amarillo se desplegaba frente a sus ojos formando caprichosas figuras, llego a notar pequeños puntos, como si de nubes se tratara, pero estaban muy lejos para serlo, además, daba la impresión que se encontraban por detrás de las estrellas. En medio resaltaba el camino de los dioses. Se decía, caminaban sobre ese empedrado de puntos brillantes para llegar a sus tierras. Sobre el filo del horizonte, la luna empezó a surgir, y de aquí en adelante, menguaría su brillo para ocultarse y fundirse con su amante el sol. Para volver a surgir renovada, viajando orgullosa por el cielo, como desde el principio de los tiempos.
No pudo substraerse a su brillo hipnótico, mucho menos dejar de observar el azulado resplandor alrededor de ella. Se dejo llevar por ese deseo de cantar coplas que no recordaba haber aprendido, surgieron armoniosamente, integrándose al coro terrenal y cósmico, porque todos tenían algo que cantar. Escucho acordes venidos de todo y ningún lado que inundaron el lugar. Y al alcanzar la luna su punto más alto, una imagen lleno su campo visual.
¿Mamá?, ¡mamá!, corrió a su encuentro emocionado, no dejaba de abrazarle y besarle, quiso besar sus pies, pero ella le detuvo en su intención. Hasta entonces reparo en la luz que emanaba por todo su cuerpo. Ya no había palabras, porque estas solo se emplean en el plano limitado de las formas. En donde fuera que se encontraba, ya no era necesario el lenguaje. Ahí, le mostraron la manera de llegar y como alimentarse en el camino. Así como también converso de todas las cosas que le habían pasado. Ahí le mostraron las que estaban por pasar.
Se había acostumbrado a las conversaciones de las rocas con los arroyos, los pinos con el viento, las noticias de los petirrojos de lo que ocurría en el campo. De las presunciones del Halcón para hacer acrobacias en el cielo. Pensaba que se había acostumbrado a todos los murmullos, pero aquí con las olas bañándole los pies, escuchaba murmullos en muchos idiomas. Nadar no era problema, debía tocar la roca, subir a ella. Avanzo despacio, luego nado; una brazada tras otra hasta llegar. Cuando su mano agarro la piedra, algo sujeto su pie y lo sumergió. Esto no lo había visto en sus sueños, miro hacia abajo y no distinguió que lo sujetaba, lucho por ir hacia arriba pero solo veía alejarse la superficie del agua. Quiso respirar, pero sintió la quemante agua salada inundándole los pulmones, en su último aliento se despidió en el lenguaje de los cantantes, ese que no se mostraba a los demás y cerro sus ojos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario