martes, 1 de diciembre de 2009

la ultima copla del marakame cantante parte 6 de 6

Un segundo es eterno y una eternidad pasa en un segundo en el tiempo de los dioses. Estaba flotando arriba de la roca blanca, no veía sus pies, ni sus manos, pero podía ver como lo hacia si tuviera su cuerpo. Se elevo hasta las nubes y cayo en picada como lo hace el halcón. ¿Por qué no veía a sus ancestros?, ¿Cuándo tomaría el camino hacia las tierras de los que partieron antes que el?, viajo hasta donde nació. No vio más Tecual, En su lugar, un contraste de personas de tez clara y otra muy obscura como la noche, estos últimos habían tomado el lugar de esclavos. Viajo hasta el promontorio, se encontraba destruido, en su lugar se levantaban un madero formando una cruz. Se elevo más arriba y escucho llantos procedentes de las montañas, se acerco para ver como extraían sin cesar las piedras para molerlas, someterlas al fuego y obtener las lagrimas de sol. Eran las guardianas de las cuevas que desconsoladas veían desmoronarse el interior. No eran las tribus fuertes de antaño, tampoco los de tez pálida quienes realizaban ese trabajo. Sino una rara mezcla de las anteriores. Se acerco a decirles que se detuvieran, pero ellos solo advirtieron un fuerte ventarrón.
Lleno de enojo, subió hasta que miro el cielo azul transformarse en estrellado, y con ese sentimiento convoco a las nubes que se congregaron a su servicio, junto con ellas bajo dando giros hasta llegar al suelo. Las personas huían aterrorizadas de la tromba que llego de improviso. Se detuvo cuando algo le toco, algo más grande que el.
- Hay reglas, ni tu puedes hacer lo que quieras, ni ellos provocar más daño –emoción, pensamiento le transmitía algo que no podía ver-.
Caminos por recorrer, decisiones que tomar, no era tanto que fuera un elegido, simplemente había escuchado el secreto de los sacerdotes cantantes, el mismo secreto que pregonaban cuando recorrían los poblados y sentaban alrededor de una fogata a las personas.
Así, en la tierra posteriormente llamada Nayarit, se quedo con la esperanza de que alguien más le escuchara el secreto a través del sonido del arroyo, del susurro del viento al atravesar los árboles, del caer las gotas al llover, porque quizás en ningún otro lado se conjuntaba la sucesión de plantas por la conjunción de sus montañas con la costa, y la serpiente de fuego no salía con furia a la superficie, sino bañaba con su calor manantiales para hacerlos curativos, generando asimismo lugares llamados sagrados por los mestizos.
Hoy, ve a los coras y huicholes peregrinar, tratando de recordar, pero el secreto no esta en caminar, sino en saber escuchar. A muchos ha visto tomar el sendero de las tierras de los sueños. Hoy, sigue esperando a quien le acompañe, ni importa que sea Cora, tepehuano, huichol o mestizo, porque todos son hermanos, al ser una la sangre, una el alma, el alma de Aramara.

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